Un fenómeno tan cotidiano como el polvo en suspensión —o tan espectacular como una tormenta eléctrica en medio de una erupción volcánica— tiene ahora una nueva explicación científica. Y lo relevante es que en ese descubrimiento participa activamente la academia chilena.
Un estudio internacional publicado en la prestigiosa revista Nature, con participación de investigadores de la Universidad de Chile, logró identificar por qué materiales como la arena, la ceniza volcánica o los polvos industriales son capaces de generar electricidad al entrar en contacto.
Una pregunta antigua, una respuesta nueva
Durante siglos, la ciencia ha observado un fenómeno aparentemente simple pero profundamente desconcertante: cuando partículas de un mismo material —idénticas en tamaño y composición— chocan entre sí, pueden adquirir cargas eléctricas distintas, incluso opuestas.
¿Cómo es posible que dos granos iguales se comporten de manera diferente?
La respuesta, según esta investigación, no está en el interior del material, sino en su superficie.

La clave está en lo invisible
El estudio, en el que participaron los académicos Nicolás Mujica, Francisco Gracia y Adriana Blanco, de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, identificó un factor determinante: la presencia de moléculas de carbono en la superficie de las partículas.
Estas moléculas —presentes de forma natural en el ambiente— se adhieren de manera desigual a cada grano, generando pequeñas diferencias químicas que, aunque invisibles, son suficientes para determinar cómo se transfiere la carga eléctrica.
“Durante mucho tiempo se pensó que este proceso era aleatorio. Hoy sabemos que está determinado por el estado químico de la superficie”, explicó el investigador Nicolás Mujica.
Cuando la ciencia entra al laboratorio
Para comprobar esta hipótesis, los investigadores trabajaron con partículas de dióxido de silicio —principal componente de la arena— en condiciones controladas.
A través de radiación infrarroja, lograron identificar y medir la presencia de estas moléculas en la superficie, observando cómo influían directamente en la carga eléctrica de cada partícula.
Uno de los hallazgos más relevantes fue que este fenómeno puede ser controlado: al limpiar las superficies mediante calor o plasma, las partículas dejan de comportarse de manera errática y adquieren cargas predecibles.
Sin embargo, este equilibrio no es permanente. Con el tiempo, el ambiente vuelve a “contaminar” las superficies, reactivando el proceso.
De los volcanes al café de cada mañana
Las implicancias de este descubrimiento son amplias y atraviesan múltiples escalas.
En la naturaleza, permite entender mejor fenómenos como:
- las tormentas eléctricas en erupciones volcánicas
- la formación de planetas
- la dispersión de microorganismos en la atmósfera
- incluso la polinización, donde insectos y flores interactúan mediante cargas eléctricas
En la industria, abre la puerta a:
- mejorar procesos productivos
- reducir riesgos de explosiones por polvo
- optimizar el manejo de materiales
Y en la vida cotidiana, explica algo tan cercano como:
👉 por qué el café molido puede perder calidad cuando las partículas se adhieren entre sí antes de entrar en contacto con el agua.
Ciencia que conecta con la realidad
Más allá del hallazgo específico, este estudio pone en evidencia algo mayor: la capacidad de la ciencia para conectar lo microscópico con lo cotidiano.
Desde una partícula de polvo hasta un volcán en erupción, el mismo principio físico opera, recordándonos que los grandes fenómenos muchas veces se explican en escalas invisibles.
Cierre Región Circular
En tiempos donde el conocimiento se vuelve cada vez más estratégico, avances como este no solo amplían nuestra comprensión del mundo, sino que también abren oportunidades concretas para la innovación y el desarrollo.
Porque entender cómo funciona la materia no es solo un ejercicio científico: es una herramienta para construir futuro.












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